Hace tanto que escribo de tí, quizas no es tanto tiempo, pero si tanto que he escrito.
No me atreví nunca a hacerlo público, pero hoy si tuve ganas de hacerlo, porque me ganó el deseo y la esperanza de que estes tú al otro lado leyendome.
Aun recuerdo ese día que te mire a los ojos, esos redonditos, de aceituna, que hablan casi tanto como tu boca, ése día cuando tomaste mi mano y la besaste por primera vez.
Y sí... es que es inevitable no ponerme melancólica al pensar en ese día en el cual me pinte mal la boca y de pasada los dientes y tu sonriente me lo hiciste notar, ese día en que tomaste de un pedacito del alma y te la llevaste.
Ahora te siento tan lejos, y me siento lejos también de mi, porque me fuí contigo allá... A ese lugar donde te escondes de mi, aquel lugar que no me quieres compartir, donde te escondes, ese lugar que sueño me invites.
Porque aunque no lo quieras ya me llevaste contigo, te llevaste parte que sé que no volverá y que quizás perdí... o que a consciencia te cedí porque mi corazón lo ordenó.
Es que me confundes, me tomas y me dejas y con ello lo que tengo acá dentro, pero te alejas... y es que me gustaría decirte tanto más, no sabes cuanto... pero me lo callo, y el silencio duele... y si que me duele, junto con la sensacion de sentir que no quieres escuchar lo que siento.
Pensé luchar.... incluso aún, aveces más, a veces menos, pero dime ¿Con qué arma se ataca esa muralla que te rodea?... ¿Con qué supero eso que te pasó que nunca me contaste?, que te hace estar ahí, en ése lugar, atrincherado, del cual no te puedo traer, con la parte de mi que te robaste, con la que te fuiste.
Como me gustaría que algun día leas ésto... algun día... ese dia, cuando veas el punto final, pueda abrazarte y decirte que te quiero y te pienso desde el primer día, y que me gustaría que te sigas quedando con ese pedacito de mi alma, pero junto a mí y así no extrañarte tanto, como hoy.
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